Una masacre que estremece a Honduras. Veinte personas fueron asesinadas en la comunidad de Rigores, en el departamento de Colón, en lo que el secretario de Seguridad, Gerzon Velásquez, calificó como un enfrentamiento brutal entre dos estructuras criminales que se disputan el control territorial en la zona del Bajo Aguán, una región históricamente convulsionada por conflictos agrarios y presencia del crimen organizado.
Según el ministro Velásquez, el origen del baño de sangre radica en la pugna entre grupos que mantienen bajo su dominio a pequeños productores de palma africana y explotan de manera ilegal el fruto de este cultivo en fincas ocupadas irregularmente. «Son dos estructuras que han estado en control de estos pequeños grupos de campesinos y están explotando el fruto de la palma de manera ilegal», declaró el funcionario.

El secretario de Seguridad identificó a Alexis Molina Mencías, alias «El Gato Negro«, como el líder de uno de los grupos, quien habría ordenado el envío de sicarios armados con armas de alto poder a la Finca 8 del Campo Panamá, escenario donde se desarrollaron los hechos. «En dos escenas masacraron violentamente, utilizando armas de alto poder, a todas las víctimas», detalló Velásquez.
Ante la magnitud del crimen, el Gobierno ordenó una intervención integral en toda la zona del Bajo Aguán con el objetivo de identificar y desarticular otras estructuras criminales similares, neutralizar a sus líderes y restituir la propiedad jurídica de las fincas a sus legítimos dueños.
La masacre de Rigores se convierte en uno de los hechos más cruentos registrados en Honduras en lo que va del año y expone la profunda crisis de seguridad que persiste en el Bajo Aguán.