La noche del fútbol hondureño le pertenece al Motagua. Con una efectiva tanda de penales en la que se impuso 4-2 ante un Marathón que poco pudo ofrecer, el Ciclón Azul se coronó campeón del torneo Clausura de la Liga Nacional y conquistó la copa número 20 de su historia, consolidándose como el club más ganador del fútbol hondureño en la era moderna.
La gran final fue un espectáculo de tensión, nervios y corazón. En los 120 minutos de tiempo reglamentario y prórroga, el marcador no se movió del 0-0, pero el dominio azul fue evidente e incuestionable. Los capitalinos llegaron en infinidad de ocasiones, combinaron con inteligencia, presionaron sin descanso y merecieron en cada minuto el título que finalmente llegó desde el punto de penalti.

El escenario fue a la altura de la historia. El Estadio Nacional lució un lleno impresionante, pintado de azul en su totalidad, con una marea de aficionados motagüenses que acompañaron a su equipo en cada segundo de una final que exigió hasta el último aliento.
Cuando llegó el momento de los penales, Motagua no tembló. La frialdad, la concentración y la fe en el proceso hicieron el resto: 4-2 en la tanda para desatar una explosión de júbilo que sacudió las tribunas del coloso capitalino y se extendió por todo el país.
Con esta conquista, los azules cierran un torneo de alto nivel con el trofeo en las manos, reafirmando su condición de gigante del fútbol centroamericano y regalándole a su afición una noche que quedará grabada para siempre en la memoria colectiva del club.