Colombia sangra a días de las elecciones

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Colombia vive una tormenta perfecta. A tan solo días de las elecciones presidenciales del 31 de mayo de 2026, el país sudamericano enfrenta una nueva y devastadora espiral de violencia que reaviva heridas que muchos creían cicatrizadas y que pone en entredicho uno de los procesos de paz más ambiciosos de la historia reciente de América Latina.

Han pasado exactamente diez años desde la firma del Acuerdo de Paz con las FARC, aquel histórico pacto que prometió transformar a Colombia en un país diferente, libre del flagelo de la guerra interna que durante décadas cobró cientos de miles de vidas. Sin embargo, la realidad de 2026 cuenta una historia muy distinta y profundamente dolorosa.

El narcotráfico, lejos de retroceder, vive un auge sin precedentes en varias regiones del país. Disidencias de las FARC, el ELN, el Clan del Golfo y otras estructuras criminales disputan territorios, rutas y poder con una ferocidad que recuerda a los peores años del conflicto armado colombiano. Las comunidades rurales vuelven a vivir bajo el yugo del miedo, el desplazamiento forzado y la muerte.

En este contexto explosivo, las elecciones presidenciales se convierten en un escenario de tensión máxima. Los candidatos se encuentran profundamente divididos frente a la pregunta que define el futuro del país: ¿diálogo o mano dura? Unos defienden continuar apostando por la negociación política con los grupos armados ilegales. Otros exigen una respuesta militar contundente que recupere el control del territorio nacional.

Lo que está claro es que Colombia llega a estas elecciones con la paz herida, el narcotráfico fortalecido y una sociedad que clama, una vez más, por respuestas que el Estado aún no ha sabido dar.