La sequía asfixia a 2,700 familias agricultoras

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*** Sin lluvia, sin cosecha y sin futuro: la crisis climática devasta el campo en Apacilagua y amenaza la seguridad alimentaria del sur

La sequía está golpeando con una dureza inusitada al municipio de Apacilagua, en la zona sur de Honduras, donde aproximadamente dos mil setecientas familias que dependen directamente de la agricultura enfrentan una situación de creciente desesperación ante la ausencia prolongada de lluvias.

Así lo advirtió el alcalde Carlos Martínez, quien lanzó un llamado urgente a las autoridades competentes para que se actúe con rapidez antes de que la crisis se convierta en una catástrofe humanitaria de proporciones mayores.

El edil explicó que el ochenta por ciento de la población de Apacilagua vive del campo, lo que convierte a este municipio en uno de los más expuestos del país ante cualquier variación climática extrema.

La falta de lluvias ya está produciendo daños concretos y visibles: los cultivos de granos básicos y otros productos agrícolas se están deteriorando por las altas temperaturas, las reservas de agua son cada vez más limitadas y los pastizales destinados a la alimentación del ganado han comenzado a reducirse de manera alarmante.

«Si seguimos sin lluvias y no hay agua en estos momentos, la situación podría empeorar en los próximos meses», advirtió Martínez con una franqueza que refleja la gravedad de lo que viven las comunidades bajo su responsabilidad.

El alcalde señaló que si las precipitaciones no se registran en las próximas semanas, el escenario actual, ya de por sí preocupante, podría agravarse de forma considerable y comprometer no solo la economía de las familias sino también su seguridad alimentaria básica.

En el sector ganadero la preocupación también es creciente. Aunque en Apacilagua no se han confirmado oficialmente muertes de reses, el alcalde reconoció que municipios vecinos de la región ya reportan afectaciones severas en sus hatos, y que mantiene comunicación estrecha con asociaciones ganaderas para monitorear la evolución de la situación y actuar con rapidez si las condiciones se deterioran aún más.

Martínez recordó que los municipios del sur de Honduras han sido históricamente vulnerables a los extremos climáticos, padeciendo sequías e inundaciones de manera alternada, fenómenos que destruyen cosechas, generan pérdidas económicas millonarias y empujan a las familias del campo hacia la pobreza.

Esa fragilidad estructural, acumulada durante décadas, es precisamente lo que hace que episodios como el actual sean tan devastadores para comunidades que no cuentan con redes de protección ni reservas económicas para absorber el golpe.

El jefe municipal indicó que ya se han sostenido acercamientos con autoridades locales y representantes regionales para buscar alternativas de respuesta a la emergencia.

Entre las necesidades más urgentes que identificó se encuentran el apoyo económico directo a las familias afectadas, asistencia técnica para los productores y la implementación de programas específicos que ayuden a mitigar el impacto de la sequía sobre el campo.

Sin embargo, Martínez no ocultó que la municipalidad enfrenta sus propias limitaciones presupuestarias y que las transferencias del gobierno central son fundamentales para poder ejecutar cualquier proyecto de apoyo comunitario en medio de esta crisis.

El llamado del alcalde de Apacilagua es claro y sin rodeos: el campo del sur está sufriendo, las familias no pueden esperar más y las soluciones deben llegar antes de que la tierra termine de secarse junto con la esperanza de quienes la trabajan.