El Real Madrid logró un triunfo ajustado por 2-1 ante el Alavés en el Santiago Bernabéu, un resultado que, aunque devuelve cierta calma, no disipó las dudas de una afición que se marchó con silbidos y gestos de desconfianza hacia su equipo.
Los goles de Vinícius Júnior y Kylian Mbappé marcaron la diferencia en un partido que se vivió más como un examen de conciencia que como una celebración. El conjunto blanco, golpeado por un mes de pesadilla con tres derrotas y un empate que lo dejaron fuera de la Liga de Campeones y prácticamente sin opciones en LaLiga, buscaba reencontrarse con su público.
El Bernabéu, que tantas veces ha sido un tribunal implacable, esta vez se mostró como un jurado cansado, consciente de que la temporada se ha convertido en una travesía por el desierto. La última caída en el Allianz Arena ante el Bayern de Múnich dejó al menos la sensación de orgullo, pero la herida sigue abierta.

El partido frente al Alavés fue una redención sin brillo. Vinícius abrió el marcador con una acción individual que recordó su capacidad de desequilibrio, mientras que Mbappé, cuestionado por su irregularidad, aportó el segundo tanto que dio oxígeno al equipo. Sin embargo, el rival, dirigido por Quique Sánchez Flores, cerró el encuentro con un gol que encendió la incomodidad en las gradas.
El público, lejos de entregarse, respondió con silbidos, reflejando la necesidad de un perdón que aún no llega. El Real Madrid, sin títulos por los que pelear salvo una improbable hecatombe del Barcelona en LaLiga, enfrenta semanas de introspección y exigencia.
La victoria, más que un alivio, fue un recordatorio de que el camino hacia la reconciliación con su afición será largo y exigente.