*** Alertan sobre posible infiltración de integrantes de estructuras criminales y riesgos asociados a redes de trata de personas
Una alerta de carácter preventivo se mantiene activa ante la circulación de información en redes sociales relacionada con la supuesta organización de una nueva caravana migrante desde Honduras, movilización que podría ser aprovechada por integrantes de organizaciones criminales para intentar evadir los operativos de seguridad y mezclarse entre la población que busca trasladarse hacia otros países.
De acuerdo con información preliminar, personas presuntamente vinculadas con maras, pandillas y otros grupos delictivos estarían promoviendo la convocatoria mediante redes sociales y diferentes canales de comunicación, con el propósito de generar una movilización masiva durante los próximos días.
Una de las hipótesis que manejan organismos de seguridad apunta a que la eventual caravana podría convertirse en un mecanismo de ocultamiento y desplazamiento para personas que actualmente enfrentan órdenes de captura, procesos judiciales o son objeto de operaciones policiales, particularmente individuos relacionados con extorsión, homicidio, narcotráfico y otras actividades del crimen organizado.

El escenario cobra especial relevancia luego de la entrada en vigor de la nueva legislación hondureña contra las asociaciones terroristas, maras y pandillas. El Decreto Legislativo 208-2026 establece un marco especial para la prevención, combate y desarticulación de estas estructuras, mientras que las reformas aprobadas durante 2026 fortalecieron las capacidades estatales para enfrentar organizaciones criminales nacionales y transnacionales.
Uno de los principales focos de atención está puesto en identificar quiénes estarían detrás de la convocatoria, qué mecanismos estarían utilizando para movilizar a los participantes y si existe alguna relación con personas buscadas por las autoridades.
La hipótesis cobra fuerza en un contexto de incremento de las operaciones policiales contra maras, pandillas y otras organizaciones delictivas. Bajo ese escenario, una movilización masiva podría ofrecer a determinados integrantes la posibilidad de abandonar sus zonas habituales de operación, dificultar su localización y aprovechar el anonimato generado por la concentración de personas.

Entre los perfiles que podrían intentar utilizar esta vía figuran presuntos cabecillas, sicarios, extorsionadores, distribuidores de droga y otros miembros de organizaciones criminales.
Sin embargo, las autoridades deberán distinguir entre quienes participen legítimamente en una movilización migratoria y aquellas personas que eventualmente pretendan utilizarla con fines ilícitos. La participación en una caravana, por sí misma, no constituye evidencia de actividad criminal.
Más allá del eventual desplazamiento de miembros de organizaciones delictivas, existe preocupación por la vulnerabilidad de las personas que podrían integrarse a la caravana.
Organismos especializados advierten sobre los riesgos que pueden enfrentar mujeres, niños, adolescentes y otras personas en condición de vulnerabilidad frente a redes dedicadas a la trata de personas, explotación sexual, explotación laboral y tráfico ilícito de migrantes.

También han surgido señalamientos sobre posibles vínculos entre las organizaciones terroristas del país con redes transnacionales y carteles de droga que operan en México; lo que podría propiciar que muchos migrantes terminen en manos de las redes de trata y explotación sexual, laboral y tráfico de órganos.
La preocupación también radica en que una convocatoria de carácter masivo puede convertirse en un escenario propicio para la actuación de captadores, intermediarios o falsos gestores que ofrezcan transporte, alojamiento, empleo o rutas migratorias a cambio de dinero o bajo engaños.
Ante este escenario, las unidades de inteligencia y seguridad deberán prestar especial atención a los organizadores de la convocatoria, sus mecanismos de comunicación, las fuentes de financiamiento y los posibles vínculos con personas que tengan antecedentes o cuentas pendientes con la justicia.
También será necesario mantener controles que permitan detectar a personas buscadas por las autoridades, sin criminalizar a quienes formen parte de la movilización por razones exclusivamente migratorias y respetando las garantías establecidas por la legislación hondureña.
El desafío para el Estado será doble: impedir que una eventual caravana sea utilizada como vía de escape por integrantes de organizaciones criminales y, al mismo tiempo, proteger a los ciudadanos que puedan quedar expuestos a redes de trata, tráfico de personas u otras modalidades del crimen organizado.
La información que circula actualmente en redes sociales deberá ser contrastada con datos oficiales antes de establecer con certeza quiénes están detrás de la convocatoria y cuáles son sus verdaderos objetivos.

Por ahora, el escenario plantea varias interrogantes: ¿quién está promoviendo la movilización?, ¿de dónde provienen los recursos para organizarla?, ¿qué canales están siendo utilizados para captar participantes?, ¿existen personas vinculadas con estructuras criminales detrás de la convocatoria? y, finalmente, ¿se pretende utilizar el desplazamiento colectivo como una vía para evadir la acción de la justicia?
Las respuestas a esas preguntas serán determinantes para establecer si se trata de una movilización migratoria convencional o si, detrás de ella, existe una operación destinada a facilitar el desplazamiento de integrantes del crimen organizado.
Mientras tanto, el llamado para la población es a mantener la prudencia frente a convocatorias difundidas por redes sociales, verificar la procedencia de la información y evitar entregar dinero, documentos o información personal a desconocidos que ofrezcan transporte, empleo, alojamiento o facilidades para emprender la ruta migratoria.
