La frontera entre Honduras y Guatemala dejó de ser una simple línea divisoria para convertirse en una ruta del terror.
En San José Las Lágrimas, una pequeña comunidad ubicada en el municipio de Esquipulas, departamento de Chiquimula, el miedo llegó acompañado de hombres armados, disparos y amenazas que obligaron a familias enteras a abandonar sus hogares.
sus cultivos y hasta sus animales en cuestión de minutos, dejando atrás todo lo que habían construido durante años de trabajo en el campo.
«Nos dijeron que saliéramos, que ya no nos querían ver más aquí porque querían posicionarse», relató Juaquina García, una mujer que escapó junto a sus seis hijas mientras los disparos rompían la calma de la zona fronteriza. Su testimonio no describe únicamente una huida desesperada, sino el terror de caminar sin saber si el siguiente paso podría ser el último.
«Cuando pasamos frente a la iglesia íbamos solo llorando porque vimos patente la cara de la muerte», narró con voz quebrada.
La incursión, protagonizada por alrededor de cien hombres armados que ingresaron desde territorio hondureño, provocó la quema de al menos 12 viviendas y desató una inmediata respuesta del Ejército de Guatemala, que al detectar la presencia del grupo armado se vio obligado a repeler el ataque.
UN MUERTO EN TIROTEO

El intercambio de disparos dejó un fallecido que hasta el momento no ha sido identificado, mientras helicópteros, patrullajes y retenes comenzaron a desplegarse en distintos puntos fronterizos para evitar nuevas incursiones.
La magnitud del operativo refleja el nivel de alarma que generó el ataque en las autoridades guatemaltecas.
Detrás de la violencia, líderes comunitarios señalan una vieja disputa por la posesión de tierras.
Eduardo Noé Sánchez, secretario del Consejo Comunitario de Desarrollo (Cocode), explicó que la finca en conflicto abarca 12 caballerías administradas por el Ministerio de la Defensa de Guatemala y en proceso de adjudicación mediante el Fondo de Tierras.
Campesinos trabajan esos terrenos desde 2007 sembrando maíz y frijol, pero enfrentan el reclamo de una familia local que busca obtener la propiedad mediante titulaciones supletorias. Lo más alarmante es que el hostigamiento no comenzó esta semana. Sánchez reveló que el acoso contra los campesinos lleva al menos cuatro años y que la violencia se ha intensificado progresivamente por la cercanía con la línea fronteriza.