Jorge Sampaoli presentó una demanda contra el Atlético Mineiro ante la Cámara Nacional de Resolución de Disputas (CNRD) de Brasil, alegando el incumplimiento en el pago de una indemnización acordada tras la rescisión anticipada de su contrato.
El episodio añade un nuevo capítulo a la polémica historia del entrenador argentino con el club brasileño y con el fútbol en general.
Atlético Mineiro decidió cortar prematuramente el vínculo con Sampaoli luego de cinco meses en el cargo, a raíz de su mal inicio en la temporada 2026. Entre septiembre de 2025 y febrero de 2026, el casildense dirigió un total de 32 encuentros con un registro de 10 victorias, 14 empates y 8 derrotas, es decir, un rendimiento del 45,83 por ciento.
La cifra reclamada por el entrenador asciende a 10 millones de reales, equivalentes a aproximadamente 1.977.537 dólares. El monto corresponde al acuerdo de salida que, según el técnico, el club no habría respetado en tiempo y forma.

Lo que más llama la atención no es solo este reclamo puntual, sino el patrón que viene construyendo Sampaoli a lo largo de su carrera. El entrenador ha recibido al menos 21,3 millones de dólares en indemnizaciones por despidos en sus últimos diez años de carrera profesional, sin contar el monto por su salida más reciente del Atlético Mineiro. La indemnización más alta la recibió en el Sevilla en 2023, cuando el club español desembolsó 9 millones de dólares por su despido.
Esta es la octava vez que Sampaoli se va con polémica de un trabajo. Sampaoli había firmado contrato con el Atlético Mineiro hasta diciembre de 2027 con un salario anual que ronda los 3,5 millones de dólares, el más alto entre todos los profesionales del Brasileirao.
Como si no fuera suficiente, las malas noticias se acumularon en las mismas semanas. La Conmebol lo sancionó por su comportamiento durante la final de la Copa Sudamericana 2025, en la que su equipo perdió ante Lanús, obligándolo a pagar una multa de 20.000 dólares.
Sampaoli ganó títulos cuando era joven —la Copa Sudamericana con la Universidad de Chile y la Copa América 2015 con la Selección Chilena—, pero desde entonces su rastro en el fútbol se mide menos en trofeos y más en cheques cobrados. Un fenómeno que ningún dirigente parece querer aprender a evitar.