El Real Madrid quedó eliminado de la Liga de Campeones tras caer 4-3 frente al Bayern Múnich, en un duelo cargado de épica, pero insuficiente para consumar la remontada.
El equipo dirigido por Álvaro Arbeloa se despidió con dignidad, aunque sin lograr alcanzar la última bala que tantas veces le dio gloria en Europa.
El despertar blanco llegó tarde. Con la Supercopa, la Copa y la Liga ya perdidas, el conjunto merengue se aferraba a la Champions como única esperanza. En el Allianz Arena, el Madrid firmó un primer tiempo desatado, con intensidad y ocasiones, pero en la segunda parte se vio encorsetado por el empuje bávaro.
El desenlace fue cruel. En el minuto 87, tras la expulsión de Camavinga, señalado nuevamente, apareció Luis Díaz para marcar el 3-3, un golpe que terminó por hundir las aspiraciones madridistas.

El Bayern, con oficio y contundencia, selló el triunfo que lo catapultó a la siguiente fase y dejó al Madrid sin opciones de título esta temporada.
La derrota refleja el contraste entre la entrega del equipo y la falta de resultados. Arbeloa apostó por un planteamiento ofensivo, pero la fragilidad defensiva y los errores puntuales terminaron por condenar a los blancos.
La afición reconoció el esfuerzo, aunque la sensación de frustración es inevitable. El Madrid, acostumbrado a gestas europeas, se despide esta vez con un sabor amargo, consciente de que la épica no siempre basta para superar a rivales de la talla del Bayern.
El 4-3 final marca el cierre de una campaña irregular, en la que el club merengue no logró conquistar ninguno de los grandes títulos. La Champions, su torneo fetiche, también se le escapó, dejando claro que el camino hacia la reconstrucción será inevitable.