El mundo contuvo la respiración, pero la Organización Mundial de la Salud (OMS) fue contundente: no hay pandemia. María van Kerkhove, directora de preparación ante epidemias y pandemias de la OMS, fue enfática en una rueda de prensa: «Esto no es SARS-CoV-2. No es el inicio de una pandemia de COVID. Quiero ser inequívoca al respecto».
El brote que disparó las alarmas globales tiene nombre y escenario precisos. En abril de 2026, un brote de hantavirus causado por el virus Andes fue identificado a bordo del crucero neerlandés MV Hondius. Al 13 de mayo, se registran ocho casos confirmados y dos sospechosos, con tres fallecidos, dos de ellos confirmados como víctimas del virus Andes.
La tasa de letalidad del brote es del 38 por ciento, una cifra que por sí sola justifica la preocupación internacional. Los seis casos confirmados en laboratorio fueron todos identificados como virus Andes, mediante pruebas de PCR o secuenciación genética.

El origen del contagio apunta a Sudamérica. Los primeros dos casos confirmados habían viajado por Argentina, Chile y Uruguay antes de abordar el crucero en un viaje de observación de aves, visitando sitios donde habitan roedores portadores del virus Andes.
El virus Andes es el único hantavirus conocido capaz de transmitirse entre personas. Se propaga mediante contacto cercano y sostenido, posiblemente por vía aérea. Eso lo distingue del resto de los hantavirus y explica por qué su presencia a bordo de un barco generó tanta alarma.
Al 15 de mayo, expasajeros se encuentran hospitalizados o en cuarentena en Australia, Canadá, Francia, Alemania, Países Bajos, Santa Elena, Singapur, Sudáfrica, España, Suiza, Turquía y Estados Unidos.
La OMS subrayó que el brote se asemeja al registrado en Argentina en 2018, donde se reportaron 34 casos, y que no se anticipa una epidemia de gran escala. El organismo internacional evaluó el riesgo para la población mundial como bajo, aunque mantiene vigilancia activa y seguimiento epidemiológico en todos los países afectados.