El pediatra y su hijo transformaron la tragedia

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San Pedro Sula, Cortés. – En medio de la devastación que dejó el voraz incendio del 29 de diciembre de 2025 en el histórico mercado Medina, un gesto de humanidad se convirtió en símbolo de esperanza.

El doctor Gerardo Villela, reconocido pediatra, junto a su hijo José Villela, decidió no esperar condiciones ideales y transformó un carro dañado en un consultorio móvil improvisado, desde donde ofreció atención médica gratuita a decenas de niños afectados.

El siniestro, originado presuntamente en un puesto donde se almacenaban clandestinamente fuegos artificiales y pólvora, consumió decenas de locales y dejó a cientos de familias en la incertidumbre.

Entre los más vulnerables estaban los niños, quienes sufrieron problemas respiratorios, quemaduras leves y cuadros de ansiedad tras el desastre.

Con recursos propios, el doctor Villela y su hijo donaron leche, medicinas y artículos básicos, logrando atender a más de 40 menores en condiciones precarias.

“No podíamos quedarnos de brazos cruzados; la salud de los niños es lo más importante”, expresó Villela, mientras repartía antibióticos, analgésicos y vitaminas.

La acción fue acompañada por voluntarios de la comunidad, quienes ayudaron a organizar filas y distribuir alimentos.

Vecinos relataron que el gesto del pediatra devolvió calma en medio del caos: “Los niños recibieron no solo medicinas, sino también palabras de aliento que les devolvieron la sonrisa”, comentó una madre afectada.

El incendio del mercado Medina, uno de los más graves en la historia reciente de San Pedro Sula, reavivó el debate sobre la seguridad en espacios públicos y la necesidad de controles más estrictos en la venta de pólvora. Sin embargo, también mostró la fuerza de la solidaridad hondureña.

La imagen del doctor Villela atendiendo desde un vehículo dañado se convirtió en símbolo de resiliencia y compromiso social.

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Su iniciativa no solo alivió el dolor inmediato, sino que dejó un mensaje claro: en tiempos de tragedia, la esperanza puede llegar en forma de un consultorio improvisado y un corazón dispuesto a servir.