Guatemala vivió una jornada marcada por la violencia tras los motines simultáneos registrados en tres cárceles del país, que dejaron al menos 46 personas tomadas como rehenes desde el sábado.
Los disturbios se originaron en el centro penitenciario Renovación I, ubicado en Escuintla, y se extendieron al Preventivo para Hombres de la zona 18 y a Fraijanes II, según informó el Ministerio de Gobernación.
Los prisioneros amotinados exigían el traslado a otro centro con mayores privilegios y un trato especial para Aldo Duppie, alias “El Lobo”, señalado como el máximo cabecilla de la pandilla Barrio 18.
Entre las demandas figuraban comodidades como aire acondicionado, ingreso de comida de restaurantes y una cama King Size en su celda.
La Policía Nacional Civil (PNC) logró recuperar el control de Renovación I en una operación que liberó a nueve guardias penitenciarios y permitió la recaptura de alias “El Lobo”, quien había sido neutralizado durante el operativo.

Sin embargo, aún permanecen retenidas 37 personas en los otros dos centros penitenciarios, la mayoría guardias penitenciarios, además de una psicóloga y personal administrativo.
El ministro de Gobernación, Byron Bor, responsabilizó directamente a “El Lobo” de organizar los motines, señalando que se trató de una acción coordinada para presionar al sistema penitenciario y recuperar privilegios que habían sido eliminados en los últimos meses.
Las autoridades guatemaltecas han reforzado la seguridad en los alrededores de los centros penitenciarios y anunciaron que se mantendrán operativos especiales hasta lograr la liberación total de los rehenes.
El presidente Bernardo Arévalo condenó los hechos y aseguró que su gobierno no cederá a las exigencias de las pandillas, reafirmando que se continuará con la política de endurecimiento contra el crimen organizado.
La crisis penitenciaria evidencia la capacidad de las pandillas para coordinar acciones violentas desde las cárceles y plantea un reto urgente para el sistema de seguridad y justicia en Guatemala.