El anuncio fue realizado a través de la red social Truth Social, donde Trump escribió: “A todas las aerolíneas, pilotos, narcotraficantes y traficantes de personas, por favor consideren que el espacio aéreo sobre y alrededor de Venezuela está cerrado en su totalidad”.
El mensaje, sin mayores precisiones, generó un inmediato impacto diplomático y económico, pues ocurre en medio de un amplio despliegue militar estadounidense en el Caribe, que incluye el portaaviones más grande del mundo.
La declaración se produce en un contexto de creciente tensión bilateral. Según medios estadounidenses, horas antes Trump habría mantenido una llamada telefónica con Nicolás Maduro para explorar un posible encuentro, aunque ninguna de las partes confirmó oficialmente la versión. El gobierno venezolano reaccionó con dureza, calificando la advertencia como una “provocación” y asegurando que su espacio aéreo opera con normalidad, incluyendo vuelos en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía.

El cierre simbólico del espacio aéreo fue interpretado como una medida de presión adicional contra el régimen de Maduro, en un momento en que Washington intensifica sanciones y despliegues militares. De hecho, siete aerolíneas internacionales han cancelado vuelos hacia Venezuela en las últimas semanas, lo que ha incrementado el aislamiento del país.
Analistas señalan que la advertencia de Trump busca enviar un mensaje tanto a las compañías aéreas como a organizaciones criminales que operan en la región. Sin embargo, la falta de detalles sobre la implementación real de la medida genera incertidumbre en el sector aeronáutico y en los pasajeros que aún utilizan rutas hacia Caracas.
La escalada ocurre mientras se multiplican rumores sobre posibles negociaciones indirectas entre Washington y Caracas, en un intento de aliviar la crisis política y económica venezolana. Por ahora, el cierre del espacio aéreo se mantiene como una advertencia política más que como una restricción efectiva.