ZAPOPAN, Guadalajara. – Al mediodía del lunes, la carroza fúnebre que trasladaba los restos de Nemesio Oseguera Cervantes llegó al Recinto de La Paz, un cementerio ubicado al poniente de Guadalajara.
El sepelio se realizó bajo estrictas medidas de seguridad, con la presencia de fuerzas federales, estatales y municipales que resguardaron el perímetro y controlaron el acceso al lugar.
El ataúd dorado, acompañado por música regional mexicana, marcó el tono de una ceremonia que reflejó tanto la figura pública como el poder que llegó a ostentar el líder del CJNG.

La magnitud del operativo policial y militar evidenció la relevancia del evento, considerado de alto riesgo por las autoridades debido a la trayectoria criminal de Oseguera y la influencia de la organización que encabezaba.
El velorio se había realizado horas antes en un punto cercano, a unos 23 kilómetros del cementerio, también bajo vigilancia de cuerpos de seguridad.
La logística incluyó controles de tránsito y dispositivos especiales para evitar incidentes, en un contexto de tensión por la presencia de simpatizantes y posibles integrantes del grupo criminal.
La muerte de El Mencho, uno de los capos más buscados en México y Estados Unidos, marca un punto de inflexión en la dinámica del narcotráfico en la región. Su liderazgo al frente del CJNG lo convirtió en protagonista de disputas territoriales y enfrentamientos con otras organizaciones, consolidando al cartel como uno de los más poderosos y violentos del país.

Aunque el sepelio se desarrolló sin incidentes mayores, las autoridades mantienen la alerta ante posibles repercusiones internas en el cartel y en el panorama de seguridad nacional.
El entierro de Oseguera cierra un capítulo en la historia del crimen organizado en México, pero abre interrogantes sobre el futuro de la organización y la sucesión de su liderazgo.