200 militares de EE. UU. se utilizaron para capturar a Maduro

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Caracas amaneció en estado de conmoción tras la supuesta operación militar estadounidense que, según fuentes oficiales del Pentágono, culminó con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, durante la madrugada del sábado.

El anuncio fue realizado por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, en un acto público en Virginia, donde aseguró que “casi 200 de nuestros mejores hombres ingresaron al corazón de Caracas y detuvieron a un individuo acusado, buscado por la justicia estadounidense, sin que muriera un solo estadounidense”.

La operación, descrita como “quirúrgica”, habría puesto fin a casi 13 años de gobierno de Maduro, marcado por denuncias de corrupción, crisis humanitaria y acusaciones de vínculos con el narcotráfico. Washington había señalado reiteradamente al mandatario como líder de un supuesto “cártel de los soles”, acusación que Maduro siempre rechazó calificándola de “guerra mediática”.

De confirmarse, la captura representaría un giro histórico en la política regional. Analistas advierten que la intervención militar directa en Venezuela podría generar tensiones diplomáticas con aliados de Caracas, como Rusia, China e Irán, que han respaldado al gobierno chavista en foros internacionales. Mientras tanto, en las calles de la capital venezolana se reportan manifestaciones de incertidumbre, con algunos ciudadanos celebrando la caída del régimen y otros denunciando una “violación a la soberanía nacional”.

Organismos multilaterales como la ONU y la OEA aún no han emitido pronunciamientos oficiales sobre el hecho. Sin embargo, expertos en derecho internacional señalan que una acción de este tipo abriría un debate sobre la legitimidad de intervenciones militares extranjeras en América Latina, recordando precedentes como Panamá en 1989.

Aunque la noticia ha generado titulares en medios internacionales, hasta el momento no existen pruebas independientes que confirmen la versión del Pentágono. La situación sigue siendo objeto de especulación y análisis, en un contexto donde la desinformación y la propaganda juegan un papel central en la narrativa política regional.