Washington/Teherán. Tras 21 horas de conversaciones entre Estados Unidos e Irán, el vicepresidente JD Vance sintetizó el desenlace con una declaración tajante: “They have chosen not to accept our terms”.
Para los funcionarios iraníes, esa frase reflejó precisamente el mayor problema de las conversaciones: a su juicio, Washington no acudió a negociar, sino a imponer condiciones.
Las rondas de diálogo, que se extendieron durante casi un día completo, buscaban acercar posiciones en torno a temas de seguridad regional y compromisos nucleares. Sin embargo, las posturas se mantuvieron irreconciliables.
Mientras la delegación estadounidense insistía en un paquete de exigencias, los representantes iraníes denunciaron la falta de flexibilidad y acusaron a Washington de “cerrar la puerta” a un acuerdo real.

El fracaso de estas negociaciones añade tensión a una relación ya marcada por décadas de desconfianza.
Analistas señalan que la declaración de Vance, aunque breve, encapsula la percepción de que las conversaciones se desarrollaron más como un ultimátum que como un proceso diplomático.
Para Teherán, esa dinámica confirma que el diálogo sigue atrapado en un ciclo de exigencias unilaterales y respuestas defensivas.
La pregunta que queda abierta es si habrá espacio para una nueva ronda de contactos o si este episodio marcará un retroceso en los intentos de recomponer la relación bilateral.
Por ahora, la frase del vicepresidente se ha convertido en el símbolo de un desencuentro que, tras 21 horas de negociación, terminó sin avances.