El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, confirmó que Israel mantendrá sus operaciones militares contra Hezbolá en territorio libanés, pese a los llamados internacionales a una tregua.
La decisión se enmarca en la guerra del Líbano de 2026, un conflicto que amenaza con escalar aún más la tensión regional y que ya ha dejado cientos de víctimas.
El enfrentamiento se reactivó el 2 de marzo de 2026, cuando Israel lanzó ataques contra posiciones de Hezbolá en Líbano. Desde entonces, la frontera entre ambos países se ha convertido en un punto crítico, con incursiones terrestres israelíes registradas desde el 16 de marzo.
La escalada alcanzó un nuevo nivel el 8 de abril, cuando bombardeos israelíes sobre Beirut y otras regiones dejaron más de 200 muertos, generando fuertes llamados internacionales a extender la tregua acordada con Irán hacia el frente libanés.
Netanyahu aseguró que Israel seguirá atacando “donde sea necesario” y que cualquier negociación con Líbano debe centrarse en el desarme de Hezbolá, así como en la posibilidad de establecer relaciones pacíficas entre ambos países vecinos.

Irán, por su parte, exige que el cese de los bombardeos en Líbano sea parte del acuerdo de tregua, condición rechazada tanto por Israel como por Estados Unidos.
Francia y otros países europeos han manifestado su apoyo a Líbano en las negociaciones, mientras la ONU insiste en la necesidad de un alto al fuego inmediato para evitar una mayor catástrofe humanitaria.
La comunidad internacional teme que la guerra del Líbano de 2026, vinculada al conflicto más amplio con Irán, pueda derivar en una confrontación regional de gran escala.
La orden de Netanyahu abre un nuevo capítulo en la crisis: mientras Israel insiste en el desarme de Hezbolá como condición para la paz, Líbano busca garantías de seguridad y respaldo internacional.
El desenlace de estas conversaciones podría definir el futuro de la estabilidad en Medio Oriente.