La Habana vivió una jornada marcada por la indignación ciudadana, con cacerolazos y una inusual protesta estudiantil en medio de la crisis energética que afecta a Cuba desde hace varios años y que, en las últimas semanas, se ha agravado por la escasez de combustible y los apagones cada vez más prolongados.
Vecinos de distintos barrios de la capital salieron a las calles golpeando ollas y sartenes, en señal de protesta contra los cortes de electricidad que han dejado a miles de familias sin acceso estable a servicios básicos.
La manifestación, espontánea y ruidosa, se extendió por varias zonas, reflejando el malestar acumulado ante una situación que parece no tener solución inmediata.
Paralelamente, estudiantes universitarios protagonizaron una protesta pacífica frente a instalaciones educativas, reclamando respuestas concretas de las autoridades. La movilización, poco común en el contexto cubano, evidenció el creciente descontento de la juventud frente a las dificultades cotidianas que genera la crisis energética.

Los apagones, que en algunos sectores superan las 12 horas diarias, han impactado la vida social y económica de la isla. Comercios, hospitales y centros de estudio se ven obligados a interrumpir sus actividades, mientras que el transporte público enfrenta serias limitaciones por la falta de combustible.
Organizaciones independientes señalaron que la protesta refleja un punto de quiebre en la paciencia de la población, que exige soluciones urgentes. “La gente está cansada de vivir en la oscuridad y de no tener respuestas claras”, expresó un activista local.
El gobierno, por su parte, ha atribuido la crisis a problemas de abastecimiento internacional y a las dificultades financieras que enfrenta el país. Sin embargo, los ciudadanos reclaman mayor transparencia y medidas efectivas para aliviar la situación.
La jornada de cacerolazos y la protesta estudiantil en La Habana se convierten en un símbolo del creciente malestar social en Cuba, donde la energía se ha transformado en el epicentro de una crisis que golpea directamente la vida diaria de millones de personas.