El 9 de marzo de 1776, en plena efervescencia política por la independencia de las colonias americanas, Adam Smith publicó Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones.
La obra, conocida simplemente como La riqueza de las naciones, se convirtió en el texto fundacional de la economía moderna. Smith defendió el libre comercio, la división del trabajo y la competencia como motores de prosperidad, pero también advirtió contra los peligros de la concentración de poder económico y la influencia de los monopolios.
Hoy, 250 años después, las ideas de Smith se leen con nuevos ojos. Sus críticas al proteccionismo recuerdan los debates actuales sobre aranceles y guerras comerciales. Su preocupación por la desigualdad extrema conecta con las discusiones sobre gravar a los más ricos y limitar el poder de las corporaciones tecnológicas.
En un mundo marcado por crisis financieras, tensiones geopolíticas y concentración de riqueza, Smith aparece tanto como “padre del capitalismo” como precursor de un pensamiento progresista.
CELEBRACIONES Y DEBATES

Universidades y centros de estudio en Europa y América han organizado foros para conmemorar el aniversario, analizando cómo sus teorías siguen influyendo en políticas públicas y en la manera de entender el mercado. En Galicia, por ejemplo, se celebran jornadas bajo el lema Adam Smith y nosotros, donde se discute la vigencia de la “mano invisible” y la necesidad de equilibrar libertad económica con justicia social.
El aniversario de La riqueza de las naciones no es solo un homenaje histórico: es una invitación a repensar cómo las ideas de hace dos siglos y medio pueden iluminar los dilemas económicos actuales. La voz de Smith, que clamaba contra privilegios y barreras comerciales, sigue resonando en las consignas de quienes buscan un sistema más justo y competitivo.