Arzobispo Nácher exige a políticos hondureños enfrentar desempleo y violencia en inicio de Cuaresma

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El arzobispo de Tegucigalpa, José Vicente Nácher, instó a la clase política hondureña a priorizar la solución de los «problemas fundamentales» que aquejan al país, como el desempleo y la violencia, durante la misa del Miércoles de Ceniza celebrada en la Basílica Menor de Suyapa.

La ceremonia, que marca el inicio del período de Cuaresma para los católicos, congregó a centenares de fieles en el principal templo mariano de Honduras.

En su homilía, Nácher subrayó que la población espera respuestas concretas de quienes ostentan el poder. «Lo que está esperando la inmensa mayoría es que vayamos todos juntos, los políticos primero, a la resolución de los problemas fundamentales», expresó con firmeza, en un mensaje que resonó entre los asistentes.

El prelado enfatizó que la Cuaresma es un tiempo de reflexión y conversión, pero también de compromiso social, en el que la fe debe traducirse en acciones que promuevan la justicia y la paz.

El arzobispo recordó que Honduras enfrenta desafíos estructurales que afectan la vida cotidiana de millones de ciudadanos. La falta de empleo digno, la inseguridad y la migración forzada son, según dijo, síntomas de un país que necesita unidad y voluntad política para avanzar. «No podemos quedarnos en discursos vacíos; la gente necesita soluciones reales», añadió.

La misa del Miércoles de Ceniza, caracterizada por la imposición de la ceniza en la frente de los fieles como signo de arrepentimiento y humildad, se convirtió en un espacio para reflexionar sobre la situación nacional. Nácher invitó a los hondureños a vivir la Cuaresma con esperanza y solidaridad, pero también con exigencia hacia sus líderes. «La fe nos impulsa a transformar la sociedad, y esa transformación comienza con decisiones valientes», concluyó.

El llamado del arzobispo se suma a las voces que demandan mayor responsabilidad de la clase política en un contexto marcado por tensiones sociales y económicas. Su mensaje, pronunciado en uno de los momentos litúrgicos más significativos del calendario católico, busca despertar conciencia y compromiso en un país que clama por cambios profundos.