LA HABANA. – Cuba atraviesa en febrero de 2026 uno de los momentos más críticos de su historia reciente.
La suspensión del flujo de petróleo hacia la isla, tras nuevas sanciones de Estados Unidos, ha dejado al país sin combustible suficiente para sostener el transporte, la generación eléctrica y el turismo, pilares de su economía.
La situación ha provocado apagones prolongados, cierre temporal de hoteles y la cancelación de vuelos internacionales, golpeando de lleno al sector turístico, que representa más del 10 % del PIB nacional.
La crisis energética se agrava por la dependencia histórica de Cuba del petróleo venezolano, cuyo suministro se redujo drásticamente tras la caída de la producción en Caracas.

En enero, México envió un cargamento de crudo, pero bajo presión estadounidense canceló una segunda entrega, limitándose ahora a enviar alimentos. Según datos de la consultora Kpler, este es el primer mes desde 2015 en que Cuba no recibe petróleo extranjero de manera regular, lo que ha acelerado el deterioro económico.
La escasez de divisas y combustible ha generado largas filas en gasolineras, mercados desabastecidos y un aumento de la emigración.
Expertos señalan que la isla enfrenta su peor crisis en 30 años, comparable al “Período Especial” de los años 90, con inflación galopante, erosión de servicios sanitarios y un clima de incertidumbre que golpea a millones de cubanos.
El impacto social es devastador: familias que pasan noches enteras sin electricidad, trabajadores que no pueden trasladarse a sus empleos y comunidades que dependen de la ayuda internacional para sobrevivir. El aplazamiento del tradicional Festival del Habano, símbolo cultural y económico, refleja la magnitud del colapso. La presión de Washington busca forzar reformas políticas y económicas, pero en las calles de La Habana la preocupación inmediata es más básica: conseguir comida, combustible y un mínimo de estabilidad. Para muchos residentes, este podría ser el momento de mayor incertidumbre económica que han soportado en toda su vida.