Las princesas Beatriz y Eugenia de York se han visto arrastradas al torbellino mediático que envuelve a sus padres, el príncipe Andrés Mountbatten-Windsor y Sarah Ferguson, en medio del renovado escrutinio que rodea a la monarquía británica por el caso Epstein.
Aunque no están directamente vinculadas con las acusaciones, la presión pública y el constante seguimiento de los medios han colocado a las hijas del duque de York en una posición incómoda, obligándolas a lidiar con el impacto que las controversias familiares generan en su vida personal y en su papel dentro de la institución.
El príncipe Andrés, señalado por su relación con el financiero estadounidense Jeffrey Epstein, continúa siendo objeto de críticas y cuestionamientos. A pesar de haber renunciado a sus funciones reales en 2019, su nombre sigue asociado a uno de los capítulos más oscuros que enfrenta la Casa de Windsor en tiempos recientes.

Sarah Ferguson, por su parte, ha intentado mantener un perfil más discreto, pero su cercanía con Andrés y la exposición mediática de la familia han vuelto a situarla en el centro de la atención.
En este contexto, Beatriz y Eugenia han optado por mantener un bajo perfil, enfocándose en sus proyectos personales y familiares. Sin embargo, la sombra del escándalo amenaza con eclipsar sus esfuerzos por construir una imagen independiente y alejada de las polémicas. Analistas señalan que el caso Epstein no solo afecta la reputación del príncipe Andrés, sino que también repercute en la percepción pública de la monarquía británica, que atraviesa un momento de redefinición tras la muerte de la reina Isabel II y el ascenso de Carlos III.
El desafío para las princesas es doble: preservar su vida privada y, al mismo tiempo, enfrentar el inevitable escrutinio que acompaña a su apellido. En un escenario donde la confianza en la institución se encuentra debilitada, cada gesto y aparición pública adquiere un peso significativo.