COPENHAGUE. Miles de personas se congregaron en la Plaza del Ayuntamiento de Copenhague para expresar su rechazo a las reiteradas declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre el control de Groenlandia.
La manifestación, organizada por colectivos groenlandeses y respaldada por sectores de la sociedad danesa y europea, se convirtió en una de las más numerosas en defensa del territorio ártico.
Los participantes marcharon hacia la embajada estadounidense, portando pancartas con mensajes como “Groenlandia no está en venta” y “Manos fuera de Groenlandia”, además de consignas como “Estados Unidos ya tiene suficiente hielo” y “Make America Go Away”, en alusión irónica al lema de Trump “Make America Great Again”. La bandera roja y blanca de Groenlandia, conocida como Erfalasorput, ondeó en la protesta como símbolo de identidad y resistencia.
La alcaldesa de Copenhague, presente en la concentración, afirmó que “no se puede comprar a la gente ni cambiar el mapa del mundo según los deseos de los poderosos”, en clara referencia a las intenciones de Washington.

El descontento no se limitó a Dinamarca. En Nuuk, capital de Groenlandia, también se realizaron manifestaciones paralelas. Según una encuesta reciente, el 85 % de los habitantes de la isla se oponen a cualquier anexión a Estados Unidos, reafirmando la voluntad de mantener su autonomía dentro del Reino de Dinamarca.
Las protestas se producen apenas tres días después de una reunión en Washington, donde autoridades danesas constataron la imposibilidad de llegar a un acuerdo inmediato con líderes estadounidenses sobre el futuro del territorio.
Analistas europeos advierten que el interés de Trump en Groenlandia responde a su posición estratégica en el Ártico, rica en recursos naturales y clave para rutas marítimas emergentes por el deshielo.
Sin embargo, la firme oposición ciudadana y política en Dinamarca y Groenlandia parece cerrar la puerta a cualquier intento de negociación.
Con esta movilización, la sociedad danesa y groenlandesa envía un mensaje claro: la soberanía de la isla ártica no está en discusión y su futuro será decidido por sus propios habitantes.