Washington, D.C.—El Gobierno de Donald Trump analiza un giro en la política de vacunación infantil que podría modificar la forma en que las autoridades sanitarias federales recomiendan las inmunizaciones.
Según reportes de The Washington Post, la propuesta busca que el Ejecutivo deje de emitir lineamientos centralizados y uniformes, promoviendo en su lugar que los padres decidan junto a médicos qué vacunas aplicar.
Este posible cambio ha encendido el debate nacional. Expertos en salud pública advierten que retrasar las primeras dosis en bebés aumenta la probabilidad de que se omitan vacunas críticas como la del sarampión, enfermedad que Estados Unidos logró erradicar en el año 2000, pero que podría reaparecer si disminuyen las coberturas. El análisis médico señala que incluso pequeñas caídas en las tasas de inmunización pueden generar brotes peligrosos, afectando especialmente a comunidades vulnerables.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) mantienen que las vacunas infantiles son seguras, eficaces y fundamentales para prevenir enfermedades graves.

Sin embargo, la iniciativa de Trump plantea que las decisiones se tomen caso por caso, lo que, según especialistas, podría fragmentar la estrategia nacional y debilitar la confianza pública en el sistema de salud.
En paralelo, pediatras y asociaciones médicas insisten en que los calendarios de vacunación actuales están diseñados para proteger a los menores en las etapas más críticas de su desarrollo. Retrasar la inmunización no solo expone a los niños, sino que también pone en riesgo la inmunidad colectiva que protege a toda la sociedad.
La discusión se da en un contexto de creciente desinformación sobre vacunas y de padres que expresan dudas respecto a la seguridad de las inyecciones. Los expertos subrayan que la evidencia científica es clara: las vacunas salvan vidas y su retraso puede tener consecuencias graves para la salud pública.